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Puente de María Cristina

San Sebastián está atravesado por el río Urumea, un río que divide la ciudad en dos: el este y el oeste. Para unir ambas partes de la ciudad, el Urumea es atravesado a su vez por una serie de puentes, siendo el primero el del Kursaal o de la Zurriola, y el más espectacular, y […]

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San Sebastián está atravesado por el río Urumea, un río que divide la ciudad en dos: el este y el oeste. Para unir ambas partes de la ciudad, el Urumea es atravesado a su vez por una serie de puentes, siendo el primero el del Kursaal o de la Zurriola, y el más espectacular, y el tema de esta entrada, el de María Cristina.

El puente de María Cristina es también conocido como el tercer puente o el puente de la estación, ya que cruzándolo desde el centro llegamos a la estación de tren (y a la de autobús desde hace unos pocos años).

Un poco de historia

Tras la reconstrucción en piedra del puente de Santa Catalina, que une el Centro de San Sebastián con el barrio de Gros, se decide que la ciudad necesita más uniones entre ambos lados del Urumea. Así, para unir el Centro con la recientemente construida Estación del Norte, primeramente se construye una pasarela de madera que facilita la llegada a la estación y que acerca este nuevo medio de transporte al barrio que se está edificando poco a poco fuera de aquellas murallas que rodeaban la Parte Vieja.

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Pasarela de madera original. Foto de Wikipedia.

Así, el 20 de enero de 1905 se inaugura el nuevo puente de María Cristina, llamado así precisamente por la reina regente que veranea en Donosti y que es la invitada de honor del evento. Evento al que acude buena parte de la ciudadanía donostiarra, ya que hasta no hace tanto solo hay un puente sobre el Urumea y es una ocasión importante, pero además es el día de San Sebastián y es la fiesta por antonomasia, por lo que todo el mundo está en la calle celebrando.

Aquel día se decoraron los balcones de las proximidades, hubo un desfile y actuaron bandas de música y el Orfeón Donostiarra. Hubo fuegos artificiales y toro de fuego y pocos 20 de enero han sido tan completos como el de aquel año, sin duda un día que los donostiarras recordarían hasta mucho tiempo después.

El puente

De todos los puentes de Donosti, probablemente el de María Cristina sea el más llamativo y el más admirado. Sus cuatro pilones coronados con figuras ecuestres doradas no dejan indiferente a nadie, sobre todo cuando es lo primero que ves de la ciudad nada más salir de las estaciones de tren o autobús. Además, fue restaurado hace poco, recuperando sus colores originales, haciéndolo más espectacular aún.

El puente fue diseñado por el ingeniero José Eugenio Ribera, quien contó con la ayuda del arquitecto Julio Martínez-Zapata. Ribera fue uno de los primeros expertos en hormigón armado de la época, material que usó en esta construcción y que fue una de las novedades que más miradas atrajo en un inicio. Las esculturas ecuestres fueron obra del artista Ángel García Díaz. Y los tres se inspiraron en el puente Alejandro III de París, construido unos pocos años antes. Podría decirse que el de María Cristina es la versión pequeña del parisino.

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Puente de Alejandro III en París. Foto de Wikipedia.

Y aunque hoy en día haya bastantes más maneras de cruzar el Urumea que hace apenas siglo y medio, sin duda el puente de María Cristina es el más espectacular de todos y el favorito de muchos donostiarras y visitantes. Ahora, además, que han ensanchado sus aceras, cruzarlo es un placer, siendo sus vistas hacia el puente de Santa Catalina unas de las más bonitas de la ciudad. Los paseos a ambos lados, llenos de árboles y edificios señoriales son un recorrido de lo más agradable, que recomendamos a todos aquellos que nos visiten.

Aunque si lo tuyo es la bici, siempre puedes alquilar una de nuestras bicis eléctricas y recorrerte ambas orillas del Urumea y cruzar todos sus puentes, el de María Cristina incluido, seguro que no te arrepentirás.

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Puente de María Cristina con el barrio de Gros al fondo.
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