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Faro de la Isla de Santa Clara: historia, cómo llegar y qué ver

La isla de Santa Clara, en concreto su faro, esconde muchos secretos. Desde su creación, pasando por la residencia del conocido farero Andoin, hasta hoy en día con la escultura de Cristina Iglesias en su interior. En este post te vamos a descubrir todo aquello que hasta ahora no conocías sobre esta localización de Donostia-San […]

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La isla de Santa Clara, en concreto su faro, esconde muchos secretos. Desde su creación, pasando por la residencia del conocido farero Andoin, hasta hoy en día con la escultura de Cristina Iglesias en su interior. En este post te vamos a descubrir todo aquello que hasta ahora no conocías sobre esta localización de Donostia-San Sebastián.

Historia del faro y de la isla

La isla de Santa Clara está ubicada en mitad de la famosa Bahía de La Concha. La mayor parte del año nadie acude allí porque sólo hay servicio permanente de motoras durante los meses de verano. La otra manera para llegar es nadando, en kayak o similares desde las playas de la ciudad, lo más común es llegar desde la Ondarreta. De hecho, está prohibido acampar o quedarse a dormir en la isla, la visita es posible únicamente durante el día. Desde 1968 es una instalación deportiva complementaría a las playas de la ciudad gracias a la Asociación de Amigos de la Isla Santa Clara. La gente la utiliza para divertirse en la pequeña playa que se ubica en la parte baja o para afrontar un día soleado aprovechando los grandes árboles que se encuentran.

Oficialmente la isla no tiene ninguna calle oficial, pero podríamos decir que para poder subir a la parte de arriba tenemos dos caminos diferentes y, en la parte más alta, se encuentra el faro. El faro fue construido en 1864 para guiar a los barcos en su navegación y entrada en el puerto de Donostia. Hasta 1968 el faro estuvo habitado por diferentes técnicos fareros, concretamente el año de su abandono se debe a que unos años antes el faro había sido automatizado. Antes de ello, se conoce que hubo diferentes ermitas en la isla que se usaron para diversos fines, por ejemplo, en el siglo XVI como refugio para los enfermos de peste.

faro
Fuente: Motoras de la isla

El farero más conocido fue José Manuel Andoin, concretamente el último. Estuvo 20 años a su cargo y aún la gente donostiarra lo recuerda como un hombre agradable y culto. A parte de estar al cuidado del faro, también fue un experto tirador olímpico, lo que le llevó a ser campeón de España en diversas ocasiones. Vivía en la isla con su madre, la cuál no era tan agradable, sino que era muy controladora y mandona. Ambos murieron al poco de dejar el faro de la isla para moverse al de Igueldo, ya que no supieron acomodarse allí.

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Fuente: Donosti city

Cuando Andoin y su madre se marcharon del faro, la casa adherida a él quedó en desuso. Bastantes años más tarde fue cuando la artista donostiarra Cristina Iglesias tuvo la idea de montar una obra de arte en el lugar. Este proyecto vino de la mano de la entrega del premio del Tambor de Oro a la artista en 2016. El entonces alcalde le ofreció la oportunidad de establecer una de sus obras en la ciudad. Desde entonces hasta ahora, en el faro encontramos una escultura que puede ser visitada en ciertos momentos del año gratuitamente.


Qué ver en el faro y en la isla

La isla de Santa Clara es un espacio reducido que ofrece a sus visitantes la posibilidad de disfrutar de un entorno natural y un momento de desconexión. En la parte de abajo encontrarás un pequeño bar que está abierto en temporada de verano. También hay una playa que es visible cuando la marea está baja, ya que si está alta, desaparece. Para subir arriba hay dos caminos: uno más natural y uno pavimentado. Si llegas a lo alto, verás el faro y podrás descubrir lo que hay actualmente en él. Si decides perderte por la isla, podrás encontrar algunos merenderos para sentarte o simplemente un entorno boscoso que disfrutar.

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Hondalea

Desde 2021 dentro del faro podemos ver la obra «Hondalea» de Cristina Iglesias. El significado de la palabra viene de un término en desuso del euskera el cual significa «abismo en el mar» o «fondo del mar». La escultura contribuye a su defensa de causas ecológicas y la recuperación de lugares abandonados. Iglesias pretende que los visitantes tengan una experiencia única al verla y que se generen debates sobre ella, para hacernos conscientes de la necesidad de proteger el entorno que nos rodea, en este caso, sobre todo, el mar.

Junto con las otras obras que están a los pies de los montes de la ciudad, se conforma un triángulo de arte contemporáneo en la bahía donostiarra: el Peine del Viento XV de Eduardo Chillida bajo el monte Igueldo y la Construcción Vacía de Jorge Oteiza bajo Urgull. Todas ellas hechas a partir del siglo XX.

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Fuente: Museo San Telmo

La obra se sustenta en un vaso de bronce de 15 toneladas y está compuesto por 54 piezas. Se contruyó en el taller de Alfa Arte en Eibar y se trasladó en piezas a Donostia por helicóptero. Para ello, se instaló un heliopuerto temporal en el Paseo Nuevo. Se conformá de un circuito de agua dulce que procede de un depósito subterráneo y que es impulsada cada 20 minutos dentro de la escultura para realizar una secuencia que simula el oleaje y el efecto de la marea.

Miradores

El primer mirador lo encontramos nada más llegar a la isla. Merece la pena quedarse un rato en el muelle donde desembarca la motora de la isla para contemplar la vista desde ahí. Frente a ti verás la inmesa Bahía de La Concha con sus bonitas playas de La Concha y Ondarreta. Tras ellas, las primeras casas de la playa y, en medio, el Palacio Miramar, residencia de verano de la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena.

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Fuente: FurgoBidaiak

Si subes la primera cuesta del camino llamado «Calle Luis Mari Iturri», antes de subir la segunda, te espera una preciosa vista hacia la playa de la Ondarreta y el barrio del Antiguo, el cuál es más complicado ver si estás en el lado contrario de la bahía. Además, verás el Monte de Igueldo y la zona de Arribizketa (más conocida como el Club de Tenis) con la famosa escultura del Peine del Viento XV, construída allí en 1977. Incluso si tienes buena vista, diferenciarás el camino que hace el funicular hasta lo alto del monte.

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Fuente: TurismoVasco.com

El último mirador de este camino se encuentra al final de la segunda rampa. Desde ahí, verás unas vistas parecidas a las que has encontrado hasta ese momento, pero tendrás la tranquilidad de estar en un lugar más espacioso y perfecto para sacarte una foto. No te olvides de mirar para abajo y ver las formas rocosas que ha formado la erosión del mar en la isla.

Para ver el Monte Urgull desde la isla, tendrás que acercarte hasta el faro. En uno de sus lados, encontrarás un pequeño mirador hacia allí. Se observa el Castillo de la Mota reconstruido en el siglo XVII y el Sagrado Corazón de Jesús incorporado a mitades del siglo XX. También se puede observar a sus pies el Paseo Nuevo con la escultura de la Construcción Vacía que se ubicó allí en 2002.

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Fuerte: Birdingplaces

Si lo tuyo es explorar y vas por el camino natural, el paisaje que encontrarás será el más salvaje. La parte trasera de la isla es un lugar idóneo para observar las formaciones que crea la fuerza y la erosión del mar. Hallamos aquí los famosos flysch que también se aprecian en el Geoparque de la Costa Vasca. Los flysch son formaciones formadas por capas de rocas duras (calizas, pizarras o areniscas) intercaladas con otras más blandas (margas o lutitas).

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Fuente: Sisters and the city

Como bonus, desde Bike Rental te queremos recomendar recorrer el Paseo Nuevo andando o en bicicleta para ver una de las mejores vistas de la isla Santa Clara, siendo así capaces de ver también su parte trasera y la inmensidad del mar. Asimismo, verás el faro de la isla y, a lo lejos, en la parte derecha del Monte Igueldo, el faro ubicado allí.

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Fuente: Cadena SER

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