El Gran Casino de San Sebastián: historia, arquitectura y vida cultural
Historia del Gran Casino La historia del Gran Casino de San Sebastián empieza algo antes de su construcción en 1882. Donostia en esa época es una ciudad de veraneo, a donde turistas de España y Europa se vienen a pasar temporadas para disfrutar de un clima templado y agradable, lejos del bullicio de las grandes […]
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Historia del Gran Casino
La historia del Gran Casino de San Sebastián empieza algo antes de su construcción en 1882. Donostia en esa época es una ciudad de veraneo, a donde turistas de España y Europa se vienen a pasar temporadas para disfrutar de un clima templado y agradable, lejos del bullicio de las grandes ciudades como Madrid. San Sebastián es un lugar acogedor, relajado y de ambiente distendido, lo que atrae también a la realeza, con Isabel II primero y María Cristina y Victoria Eugenia después.
La ciudad ofrece a sus visitantes baños de ola para mejorar su salud, pero también divertimentos variados como bailes, obras de teatro, competiciones deportivas, y por supuesto, el juego. El juego que en sí está prohibido en España, pero con el que las autoridades hacen la vista gorda ya que trae muchísimo dinero a las ciudades en las que se instauran casinos. San Sebastián no puede quedarse atrás y es así que una junta de accionistas decide crear el Gran Casino de San Sebastián.

Aprovechando un solar vacío junto a la playa de La Concha creado al demoler las murallas un par de décadas antes, estos accionistas promueven la creación del casino, que no solo albergará salones de juego, también un salón de baile, un restaurante, un balneario y la sede del Círculo Easonense, club de caballeros, muchos de los cuales eran accionistas del casino, entre otras instalaciones.
Así, el 1 de julio de 1887 se inaugura este edificio multiusos con la presencia de la reina regente María Cristina, quien apenas lleva unas semanas en San Sebastián de veraneo y quien pronto se convertirá en figura indispensable del desarrollo turístico de la ciudad.
Arquitectura y diseño del edificio
Los arquitectos del edificio fueron Luis Aladrén y Alfonso Morales de los Ríos, quienes se inspiraron en el casino de Montecarlo y en las termas de Caracalla para su diseño, creando así un edificio de estilo historicista y eclecticista para el que usaron piedra arenisca de la zona. Para las vidrieras contactaron con la casa Maumejean, quienes también hicieron las vidrieras de otros tantos edificios donostiarras.
El edificio se divide en dos alas y un eje central, entrada principal al casino. La entrada podía hacerse por la parte trasera, donde estaba el acceso para los carruajes o por la parte delantera, donde se sitúa la enorme terraza que da hacia los jardines de Alderdi Eder. El Círculo Easonense tenía su propia entrada en el Boulevard.
Una vez dentro, los asistentes al casino podían admirar la enorme escalera monumental que llevaba al salón de bailes y a los salones de juego, estos últimos solo permitidos para los extranjeros. En la parte baja se situaba el restaurante y los juegos más inofensivos, donde incluso las mujeres podían apostar. En el subsuelo se ubicaba el balneario. Frente a la terraza, un kiosco de música ofrecía conciertos cada tarde.

Eventos y actividades culturales
Si bien cuando ejercía de casino el edificio contenía innumerables actividades culturales y sociales como bailes y conciertos, hoy en día no se queda atrás, y es que el salón de bailes, hoy salón de plenos, sigue usándose para la presentación de casi todos los eventos culturales que ocurren en la ciudad, como la Tamborrada o Semana Grande. Aquí también se entrega el Tambor de Oro el día 20 de enero, o se hacen conciertos de piano durante el Jazzaldi.
La terraza también sirve de lugar de celebraciones, como las bodas que ocurren un sábado al mes, la Tamborrada Infantil. o más recientemente la celebración de la victoria de la Copa del Rey de la Real Sociedad de Fútbol. Y si bien el kiosco de música ya no preside dicha terraza, en su lugar no es raro ver ferias de artesanía, eventos deportivos, exposiciones temporales y paseantes de todas las nacionalidades disfrutando del edificio y de las vistas espectaculares que ofrece hacia la playa de La Concha.

Cómo visitarlo y qué esperar
Hoy en día, y desde 1947, el Gran Casino de San Sebastián es el Ayuntamiento de Donostia, por lo que la mayor parte del tiempo no se puede visitar, al haber oficinas donde antes estaban los salones de juego. De todas formas, en ocasiones sus puertas abren al público, ya sea para le presentación de algún evento, conciertos y las bodas.
También suele abrir un par de fines de semana al año, alrededor de Pascua, para que los donostiarras de a pie también puedan disfrutar de este magnífico edificio que nos pertenece a todos. En esas ocasiones suelen organizarse visitas guiadas gratuitas al edificio, para quien quiera conocer mejor su historia y arquitectura. Para ello hay que estar pendiente, ya que las plazas suelen acabarse rápido.
Curiosidades y anécdotas
Cuando todavía era casino, para evitar que los donostiarras entraran en los salones de juego, había un guardaespaldas en la puerta a los salones al que llamaban «El Belga», ya que se trataba de un hombre del Congo belga que según se cuenta era muy grande e imponía mucho, pero además debía tener cicatrices en la cara que le daban un aspecto temible.
Se sabe que uno de los últimos lugares en los que trabajó la espía Mata-Hari fue San Sebastián, así que podemos afirmar con casi toda seguridad que pisó alguna vez los salones de este edificio. Se dice que Donostia fue un nido de espías durante la Primera Guerra Mundial, ya que nos encontramos muy cerca de la frontera francesa, lo suficiente para que las noticias del frente llegaran rápido, pero lo suficientemente lejos como para que la guerra no llegara hasta aquí. Así, se sabe que muchos intelectuales y artistas europeos que habitualmente residían en París, pasaron temporadas aquí, como pueden ser Trotski o Picasso.
Durante la Guerra Civil el edificio fue tomado por los rebeldes, quienes se atrincheraron hasta que los republicanos les echaron poco después, es por eso que en la fachada que da al Boulevard podemos ver infinidad de agujeros de bala, testigos de los tiroteos.
